Por Iris Jugo, coordinadora del Consorcio Cáceres 2031
Hace aproximadamente 64.000 años, alguien en la Cueva de Maltravieso dejó la huella de su mano en la roca. No pintó batallas ni paisajes. Simplemente trazó la primera señal en la que el ser humano se reconocía a sí mismo. Esa mano, posiblementede las más antiguas de Europa, se convirtió en arte, en testimonio, en conciencia. Esa mano nos recuerda que el arte existe para reconocernos, para ir más allá, para encontrarnos.
Hoy, desde Cáceres, esa mano vuelve a abrirse con un nombre: Transcultura. Es el latido de nuestra candidatura a la Capitalidad Europea de la Cultura en 2031. Transcultura no es un lema ni un eslogan. Es una forma de estar en el mundo.
Significa ir más allá: más allá de fronteras y disciplinas, de etiquetas y jerarquías, de lo urbano y lo rural, de lo contemporáneo y lo ancestral. Es atravesar lo que separa para encontrarnos y transformarnos juntos.
Su raíz simbólica y etimológica está en la trashumancia, ese patrimonio vivo que durante siglos unió territorios, compartió cuidados y soluciones, Ese viaje para cuidar de ovejas que sólo sobrevivían en movimiento, en el campo, un campo sin fronteras. Hoy ese movimiento, ese aprender escuchando lo que nos rodea, nos inspira a convertir lo periférico en centro de cohesión, soluciones y resiliencia.
Cáceres late al ritmo de Europa: afronta muchos de sus retos y sueña con las mismas oportunidades. En nuestra mirada amable y en el andar tranquilo de nuestros campos guardamos sabidurías ancestrales. Y nuestra respuesta se llama Transcultura: un modo de transformar la diferencia en riqueza, de tejer puentes donde hubo fronteras y de regalar a Europa un espejo donde volver a mirarse y encontrarse de nuevo. Porque a veces lo olvidamos, pero somos Europa. Y porque tenemos mucho que ofrecer: la fuerza plural de voces que rara vez ha sido escuchadas y la certeza de que somos riqueza.
Este viaje se concreta en tres horizontes que se entrelazan. Uno es el diálogo entre lo urbano y lo rural, que entiende pueblos y ciudades como un mismo ecosistema cultural en el que nadie queda fuera. Otro es la cultura sostenible, que vincula patrimonio, creatividad y ecología para que la tradición y la innovación caminen de la mano. Y el tercero es el bienestar y la accesibilidad, donde el cuidado, la inclusión y la participación se colocan en el centro de la vida cultural.
No es un proyecto aislado. Cáceres lo construye con sus instituciones y sus ciudadanos. Ayuntamiento, Junta de Extremadura, diputaciones, pueblos y barrios, todos reunidos en torno a la misma mesa. Ese consenso, tan poco habitual en tiempos de polarización, es en sí mismo un mensaje poderoso: la cultura puede reunir lo que otras agendas separan.
Transcultura significa también dimensión europea real. Cáceres está en el corazón de la Eurorregión EUROACE, donde el diálogo transfronterizo es cotidiano. Lo que parecía periferia es, en realidad, un lugar privilegiado para ensayar cooperación, movilidad y proyectos compartidos. Aquí la capitalidad se entiende como proceso, no como evento.
La ciudad cuenta además con un ecosistema cultural sólido y diverso: del Museo Helga de Alvear al Museo Vostell Malpartida, del Gran Teatro a festivales como WOMAD, de la piedra dorada del casco histórico al arte contemporáneo. Aquí el patrimonio no es vitrina: es escenario, taller y plaza pública.
Cáceres es, en sí misma, una metáfora de Europa: diversidad y diálogo. Una ciudad que sabe escuchar. A la tranquilidad de sus plazas, a la resiliencia de la dehesa, al sonido amable de una comunidad que ha aprendido a mirándose a los ojos. Aquí descubrimos que pertenecer no es nostalgia, sino práctica de comunidad.
A veces un concepto puede parecer lejano, difícil de sentir propio. Sin embargo, el viaje hacia una Capitalidad Europea de la Cultura es, sobre todo, un ejercicio de repensar quiénes somos, de dar voz a quienes sienten que no la tienen, de crear a partir de lo que ha sido poco escuchado y de abrir espacios de pertenencia compartida. Por eso con nuestra Transcultura ponemos a las personas en el centro.
Si vives en una pedanía, encontrarás una agenda cultural cercana. Si trabajas en cultura, se abrirán para ti nuevas redes europeas y nuevas oportunidades de formación. Si eres joven, este proyecto te conectará con Europa y contigo mismo a través dela creación. Si eres mayor, tu memoria será semilla: no un recuerdo inmóvil, sino raíz viva que florece en diálogo. Un intercambio de saberes con las nuevas generaciones. Si eres comerciante u hostelero, diversificarás temporada y clientela. Y si eres vecino o vecina, podrás decidir la cultura que quieres, no solo consumir la que otros hacen.
Volvamos a la mano de Maltravieso. Aquel gesto no sabía de jurados ni de comités, pero sí de algo esencial: que el arte existe para encontrarnos. Transcultura es esa misma huella llevada a 2031: una mano abierta que atraviesa lo que nos separa,cuida lo que nos sostiene y pertenece a un nosotros más grande.
Os invito a poner vuestra mano al lado: en la escuela, en el barrio, en la dehesa, en el escenario, en la frontera amable con Portugal. Si lo hacemos, cuando Europa nos pregunte quiénes somos, no habrá que explicarlo. Se verá en la huella. Y esa huella, como entonces, dirá algo simple y hermoso: estamos aquí, juntos. Porque a veces lo olvidamos: esta periferia asumida también somos Europa. Y somos riqueza.
*Artículo publicado en El Periódico Extremadura