24/04/2026

Europa fue, antes que nada, una promesa de paz

*Por Iris Jugo, coordinadora general de Cáceres 2031. Casa de Jean Monnet, Francia. Abril de 2026*

Europa fue, antes que nada, una promesa de paz. Hoy, esa promesa necesita volver a ser escuchada, porque Europa no empieza ni termina en Bruselas, sino en cada pueblo donde alguien sienta que forma parte de ella.

Tras una guerra devastadora que dejó sin aliento al continente europeo y al mundo en general, una serie de hombres y mujeres apostaron por la unión frente a la división. Apoyaron y generaron el germen de lo que hoy conocemos como el proyecto europeo.

El origen de este proyecto se sitúa tras la Segunda Guerra Mundial (1939–1945), un conflicto que dejó más de 60 millones de muertos y un continente profundamente fragmentado. En este contexto, surgió la necesidad de garantizar una paz duradera en Europa a través de la cooperación. Uno de los principales impulsores de esta idea fue Jean Monnet (1888–1979), considerado unode los padres fundadores de la Unión Europea. Desde su visión pragmática, defendía que la paz no podía sostenerse únicamente en acuerdos políticos, sino en la interdependencia económica entre los países.

Esta visión cristalizó en la Declaración Schuman del 9 de mayo de 1950, que proponía poner bajo una autoridad común la producción de carbón y acero de Francia y Alemania. Como consecuencia, en 1951 se firmó el Tratado de París, creando la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), integrada inicialmente por seis países: Francia, Alemania Occidental, Italia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo. Años más tarde, en 1957, los Tratados de Roma ampliaron esta cooperación con la creación de la Comunidad Económica Europea.

Basado en estos principios y en torno en lo que después sería su lema, “unidos en la diversidad”, comenzó un proyecto que ha sido, posiblemente, el mayor proyecto de paz que conocemos.

Sin embargo, ahora, y tras años de desgaste continuado, esa política europea, esa idea de pertenencia a un espacio más grande que el del propio individuo y su comunidad o nación, se ve amenazada y debilitada. Y este es el momento en el que quienesdurante mucho tiempo quedaron en los márgenes de la conversación europea dan un paso al frente: los municipios, los artistas, las redes de festivales y las fundaciones.

El trabajo que se está haciendo estos días aquí, en la Casa de Jean Monnet (lugar de memoria que forma parte del Parlamento Europeo y donde podríamos decir que empezó todo), es contribuir desde otros niveles, más cercanos al ciudadano, para no perder lo que se ha conseguido con tanto esfuerzo. Esta acción es fruto de la cooperación entre diferentes organizaciones de la sociedad civil de distintos países, como la Asociación Jean Monnet, la iniciativa A Soul for Europe, la Asociación de Festivales Europeos, la Fundación Yuste y la Fundación para el Futuro de Berlín (Stiftung Zukunft Berlin), que apuestan por fortalecer el sentido de pertenencia desde lo local hacia lo europeo.

El populismo, las guerras cercanas, la confrontación, el mensaje de odio, las fronteras y los muros elevados ponen en peligro el proyecto europeo. Un proyecto orientado a trabajar por la paz, por el respeto y por la pertenencia a un lugar que incluye valores diversos, pero, sobre todo, valores humanistas.

Estamos perdidos. Estamos debatiendo. Estamos intentando entender cómo un concepto tan grande puede llegar a la ciudadanía.

Y reclamamos, desde estas asociaciones, desde estas municipalidades, desde estos gobiernos locales, desde estos entornosrurales, una manera efectiva, un apoyo económico y una formación que supere las buenas intenciones, las praxis establecidas y los espacios de diálogo.

El objetivo, que todos y cada uno de los ciudadanos (diversos, periféricos, rurales) se sientan de nuevo incluidos y que este es su proyecto. Un proyecto de paz y progreso: la Unión Europea.

En este contexto, Cáceres 2031 avanza en su camino: proteger, crear espacios de encuentro y acoger a artistas locales y europeos en Cáceres y en Extremadura. Desde ahí, se suma a este diálogo europeo. Asumimos con responsabilidad el papel que nos corresponde.

Agradecemos que este viaje, y el hecho de ser finalistas a Capital Europea de la Cultura en 2031, nos lleve a este tipo de lugares. Somos conscientes de que con ideas e ilusión este proyecto calará en las raíces de Europa a través de las artes, la cultura, la investigación, el trabajo en red, los festivales y la ciudadanía que entienda la paz como una necesidad vital.

Necesidad de paz como el agua para la vida. Como el canto de los pájaros en la mañana. Como la continuación y el cuidado del legado que tenemos.

El legado de Cáceres se ve en cada piedra, en cada plaza, en cada ilusión de crecer como ciudad y como región. Se materializa abrazando Europa y aportando las voces de aquellos que no siempre se han sentido escuchados.

Queremos cerrar agradeciendo inmensamente a la Fundación Yuste, que desde el territorio extremeño genera estos espacios de encuentro y de diálogo.Canaliza las ilusiones y esperanzas de aquellos que luchan por reconstruir, revitalizar el proyecto europeo.

Confiamos en que el ciudadano de a pie pueda sentir los efectos de estos encuentros, de estos diálogos, de estas intenciones y de estas peticiones dirigidas a avanzar y construir, entre todos, un proyecto común.

El lema que lleva nuestra candidatura, Transcultura es eso: trascender las fronteras, recuperar los saberes ancestrales, aportar nuevas visiones, incluir a los vulnerables y hacer de la cultura en Europa una herramienta de paz, de co-creación y de participación.

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